Los Cuatro niveles de conciencia en la mente del consumidor

Es importante tener en cuenta estos conceptos de psicoanálisis aplicado a los niveles de conciencia que existen en la mente de nuestros potenciales clientes en referencia a los productos y servicios que ofrecemos al mercado.

Inconciencia

Extracto del libro “Encantado de conocerme” de Borja Vilaseca y de su blog

Existen cuatro estados generales de conciencia generales en la mente de cualquier ser humano:

Inconsciencia:

• No nos damos cuenta de que vivimos plenamente identificados con el ego.

• Vivimos con el piloto automático puesto, reaccionando impulsiva y negativamente cada vez que la realidad no se adecua a nuestros deseos y necesidades egocéntricas.

• Al no tener control sobre nosotros mismos, no somos responsables ni dueños de nuestros actos.

• Somos esclavos de nuestra mente y, en consecuencia, de nuestra ignorancia, que nos lleva a vivir bajo la tiranía del pensamiento inconsciente y negativo.

• Pensamos constantemente en el pasado y en el futuro, marginando por completo el momento presente.

• Sufrimos y hacemos sufrir a los demás, a quienes consideramos culpables de todo.

• Necesitamos evadirnos y narcotizarnos para evitar el contacto con nuestro vacío existencial, que tanto malestar nos genera en el vientre.

• Creemos que la vida no tiene sentido.

Consciente de la inconsciencia:

• Empezamos a darnos cuenta de que estamos identificados con nuestro ego.

• Seguimos reaccionando impulsiva y negativamente, pero tomamos conciencia de que cambiar esta actitud tan nociva sólo depende de nosotros mismos.

• Empezamos a tener control sobre nosotros mismos y somos en parte responsables de nuestros actos.

• Seguimos siendo esclavos de nuestra mente, pero en ocasiones conseguimos crear cierto espacio para no identificarnos con nuestros pensamientos.

• Pensamos en el pasado y en el futuro, pero intentamos centrarnos en el momento presente.

• Sufrimos, pero intentamos no trasladar nuestro malestar a los demás.

• Necesitamos evadirnos y narcotizarnos, pero lo llevamos a cabo «conscientemente».

• Creemos que la vida tiene el sentido que le queramos dar.

Conciencia:

• Dejamos de estar identificados con nuestro ego; lo tenemos controlado en todo momento.

• Ya no reaccionamos impulsivamente, aunque podemos perder este estado de autocontrol en momentos de mucha adversidad, siempre y cuando dejemos de prestar la suficiente atención.

• Al tener domado a nuestro ego, somos dueños de nosotros mismos y, por tanto, totalmente responsables de nuestros actos.

• Al comprender cómo funciona nuestra mente ya no nos invaden pensamientos; de hecho, pensamos conscientemente para llevar a cabo fines constructivos.

• Pensamos de forma consciente y lo hacemos en positivo, quedándonos con el aprendizaje que se oculta detrás de cualquier experiencia; vivimos el momento presente.

• Ya no sufrimos, y esta ausencia de malestar nos hace sentir muy bien con nosotros mismos y con los demás.

• No necesitamos evadirnos ni narcotizarnos.

• Sentimos que la vida tiene sentido porque la hemos convertido en un continuo aprendizaje para llegar a ser felices.

Consciente de la conciencia:

• Entramos en contacto con nuestra esencia o yo verdadero, y nos sentimos unidos a todo lo que existe.

• Aceptamos y amamos todo lo que sucede porque es «lo que es»; vivimos en un profundo estado de ataraxia, de imperturbabilidad interior.

• Cultivamos la atención consciente; nos observamos a nosotros mismos en tercera persona, con lo que somos capaces de tomar la actitud que más nos convenga en todo momento.

• Yendo más allá de nuestra mente, conseguimos alinearla con el momento presente, el único que existe en realidad.

• Vivimos tan conscientemente que no hay lugar para el pensamiento; en caso de pensar, lo hacemos de forma positiva, pase lo que pase.

• Experimentamos plenitud interior, es decir, vitalidad, felicidad, paz interior, gozo, alegría y gratitud de estar vivos; lo sentimos en el vientre, debajo del ombligo.

• Aunque lo intentáramos, no podríamos evadirnos; estamos plenamente conectados con nosotros mismos y con la realidad de la que formamos parte.

• Somos la vida, con lo que ya no necesitamos comprenderla ni dotarla de sentido.

 

“Encantado de conocerme” de Borja Vilaseca

 

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